Cuaderno con una acuarela de una persona sentada frente al mar, sostenido ante la playa de Almuñécar con bañistas y rocas al fondo.

Pintar mientras soplaba el viento

El 24 de agosto de 2026 fui a la playa y al muelle de Almuñécar esperando pasar un día agradable. Llevaba conmigo el pequeño kit de acuarela que estaba usando durante las vacaciones, por si encontraba un momento para pintar.

Pero había mucho viento. No dejaba ni abrir bien la sombrilla y el mar estaba picado. La jornada resultó menos cómoda de lo que había imaginado. Aun así, me senté, saqué el cuaderno y empecé a pintar una figura frente al agua.

Una figura frente al mar de Almuñécar

Me fijé en una persona sentada de espaldas, mirando hacia el mar. La silla y el cuerpo formaban una zona oscura delante del agua, con las rocas al fondo.

Esa escena me permitió concentrarme en una parte de lo que tenía delante. En el cuaderno quedaron la figura, la orilla y los cambios de color del mar. Había personas moviéndose por la playa, pero la imagen se organizó alrededor de quien estaba sentado.

Me interesó ese contraste entre la figura quieta y el agua agitada. Era algo que estaba viendo allí, mientras intentaba encontrar una forma de pintar con el viento.

Trabajar con lo que había

La acuarela quedó más rápida y suelta. Fui buscando los tonos del agua y los contrastes oscuros de la figura y la silla, sin detenerme demasiado en cada detalle.

El azul y el verde ocupan buena parte de la imagen. Cerca de la orilla aparecen zonas más claras, y las rocas interrumpen la línea del fondo. Son pocos elementos, pero juntos me permiten reconocer el lugar y recordar cómo estaba el mar ese día.

Las condiciones también se notan en la manera de pintar. La rapidez de los trazos y las partes menos definidas tienen relación con esa jornada de viento. Trabajé con la comodidad que pude encontrar y resolví una imagen breve dentro del día de playa.

Mientras pintaba, disfruté el momento. El viento seguía allí, pero pude concentrarme durante un rato en las manchas, el agua y la figura que tenía delante.

Lo que quedó en el cuaderno

Esta salida forma parte de mi Laboratorio de Campo. Con la acuarela puedo llevar poco material y hacer un estudio cuando aparece la ocasión. Durante agosto, esa facilidad me ayudó a pintar con más frecuencia, incluso cuando el día no salía como esperaba.

De esta jornada me queda el aprendizaje de adaptarme a lo que podía hacer en ese momento. Una escena pequeña, resuelta con rapidez, también tenía un lugar en el cuaderno.

Cuando miro esta acuarela, recuerdo el mar picado y lo difícil que era abrir la sombrilla. También recuerdo que, mientras pintaba, estuve a gusto.