No empiezo una obra buscando una imagen.
Empiezo buscando una sensación.
Algo que, cuando alguien lo vea, no se cierre del todo.
Que deje una pregunta abierta.
No me interesa que la imagen sea solo bonita.
Eso lo estuve buscando antes, y se queda ahí.
Ahora me interesa otra cosa:
que algo no termine de encajar,
que la persona que la vea se quede un momento más,
tratando de entender qué está pasando.
No necesito que lo entienda.
Necesito que lo sostenga.
Hay un momento en el proceso en el que la imagen empieza a funcionar.
No es cuando está mejor hecha.
Es cuando empieza a mover algo.
Puede ser incomodidad, cercanía, duda.
Pero aparece una sensación que no estaba antes.
Ahí es donde hago clic.
No porque esté resuelta,
sino porque empieza a tener coherencia interna.
Durante mucho tiempo intenté controlar ese resultado.
Sobre todo en el detalle.
Quería que la imagen funcionara desde el principio,
que se viera bien,
que se sintiera terminada.
Ahora estoy trabajando en otra dirección.
Dejar que la imagen se construya por capas.
Sostenerla sin resolverla demasiado pronto.
El detalle no debería aparecer por control,
sino como consecuencia.
Lo que intento evitar no es el error.
Es la necesidad de cerrar.
Intento no abandonar cuando algo no funciona todavía.
Intento no resolver la incomodidad demasiado rápido.
Hay momentos en los que la imagen no dice nada,
y ahí es donde más cuesta quedarse.
Pero es también donde empieza a aparecer algo.
Me interesan las imágenes que dicen y no dicen al mismo tiempo.
Una presencia que está,
pero no se muestra del todo.
Una emoción contenida.
Algo que existe,
pero no termina de salir.
No estoy buscando explicar una escena.
Estoy intentando sostener un momento.