En mi segunda salida a pintar al aire libre en Granada ya me sentía un poco más seguro. Después de la experiencia en la Alhambra, quería seguir practicando fuera del estudio y dedicar más atención a las mezclas, al color y a lo que tenía delante.

El 17 de agosto salí con los lienzos, las pinturas y el equipo. Busqué un lugar en el centro de Granada y me instalé junto a una fuente, en el entorno de la Fuente de las Granadas. Me gustaron el agua, el verde y la sombra de los árboles. Era una tarde de verano con bastante sol, así que poder pintar a la sombra también contó al elegir dónde quedarme.
La fuente se apagó y seguí pintando
Empecé entre las dos y las dos y media. Aproximadamente a las tres apagaron la fuente. El agua había sido una de las cosas que me habían interesado del lugar, pero ya tenía algunas fotografías y vídeos de cómo se veía al llegar.


Seguí trabajando la estructura de la fuente, la vegetación y los colores del entorno. Había bastante en lo que detenerme mientras el agua estaba apagada. Tener esos primeros registros me permitía conservar una referencia, aunque continuaba observando directamente el lugar.
Pintar fuera del estudio empezaba a enseñarme algo muy concreto: el motivo puede cambiar antes de que termine el cuadro. Esta vez pude seguir con otras partes de la pintura y aprovechar ese tiempo para mirar con más calma.
Buscar un color junto a otro
Durante la tarde estuve practicando las mezclas de tonos y los contrastes simultáneos. Me interesaba observar cómo cambiaba un color según el que tenía al lado: cómo se relacionaban los verdes con las zonas más cálidas y qué ocurría al poner una mezcla junto a otra.


Trabajé al óleo sobre lienzo montado en tabla, en un formato de 24 × 30 cm. Fui buscando esas relaciones frente al motivo, con la luz exterior como referencia. Cada mezcla tenía que verla dentro de la pintura para decidir cómo seguir.
En esta salida pude concentrarme más en eso. Estaba menos pendiente de las personas que pasaban y tenía más atención disponible para observar, mezclar y pintar.
Sentirme más cómodo fuera del estudio
Algunas personas se detenían a mirar y me decían que el trabajo estaba muy bonito. Agradecía los comentarios y continuaba. Me sentía más cómodo con el caballete allí, compartiendo el espacio con quienes pasaban.



Antes de terminar, volvieron a encender la fuente. Pude observar otra vez el agua en movimiento y cerrar la jornada con el motivo funcionando de nuevo. Me fui alrededor de las siete, satisfecho con el resultado y con la forma en que había trabajado.

Esta segunda salida confirmó mis ganas de continuar con Laboratorio de Campo. Me gustó reconocer una diferencia respecto a la primera: estaba más tranquilo y podía dedicar más atención a la pintura.
Ese día estuve menos pendiente de las miradas y más atento al color.