Cuaderno sobre una toalla con una acuarela de una figura bajo una sombrilla azul, sombra violeta en la arena y mar al fondo.

Acuarelas de verano: tres días con el cuaderno en la playa

Durante agosto de 2026 llevé el cuaderno de acuarela a varias salidas con mi familia. Era fácil tenerlo a mano: una caja de colores, unos pinceles, lápices y un recipiente para el agua. Con eso podía sentarme a pintar un rato y seguir compartiendo el día.

Para cerrar estas notas de verano, reúno tres de aquellas salidas: Salobreña, La Malagueta y Almuñécar. En cada una trabajé algo distinto. Primero, la mancha y el contraste de luz; después, la construcción de una escena por elementos; y, por último, el dibujo como apoyo antes de empezar con el color.

Salobreña: la mancha y el contraste de luz

El 4 de agosto estuve en Salobreña con mi familia. Hice dos pequeños estudios de figuras frente al mar; una de las personas que pinté fue un primo.

Había viento y el mar estaba movido. Pinté sentado sobre una toalla, casi a ras del suelo. La postura no era del todo cómoda, pero conseguí concentrarme y dedicar alrededor de una hora a cada acuarela.

Me interesaban los colores del agua y el contraste entre las figuras en sombra y la luz de la playa. Trabajé buscando esas diferencias con las manchas: dónde necesitaba un tono más oscuro, qué zonas podían quedar más claras y cómo se distinguía la figura de lo que tenía detrás.

En la acuarela que acompaña esta nota, la sombrilla y la sombra violeta ocupan buena parte de la escena. La figura queda recogida bajo esa sombra, con el mar al fondo. Al verla de nuevo, reconozco lo que estaba intentando resolver: que la luz se entendiera con unas pocas relaciones de color.

La Malagueta: construir la escena por partes

El 7 de agosto fui a La Malagueta, en Málaga. Fue un día más tranquilo, de pasear y compartir con mis primos. También hubo tiempo para sacar el cuaderno y pintar dos escenas bajo las sombrillas.

En la primera pinté a una chica recostada, con las palmeras y el puerto detrás. Me interesaba cómo reunir en una página pequeña la figura, la sombrilla y ese fondo.

En la segunda aparecían dos jóvenes conversando bajo una sombrilla verde. Aquí fui construyendo la acuarela por elementos, trabajando cada parte hasta completar la escena.

Esa forma de avanzar me ayudó a ordenar lo que veía. Podía concentrarme en una figura, pasar a la sombrilla y después seguir con el entorno. Poco a poco, las partes empezaban a relacionarse dentro del cuaderno.

De aquella salida me quedó una manera de trabajar que podía seguir probando: dividir una escena con muchas cosas en decisiones más pequeñas.

Almuñécar: dibujar antes del color

El 25 de agosto, en Almuñécar, pinté a mi prima recostada en la playa. Esta vez empecé por el dibujo y después apliqué la acuarela.

Dibujar es una parte del proceso con la que me siento más familiarizado. Tener la figura planteada desde el principio me dio más seguridad para continuar. Podía prestar más atención al color, a las sombras y a lo que había alrededor.

En la imagen del proceso todavía se ven las líneas del lápiz junto a las primeras manchas. En la acuarela terminada, la figura aparece sobre la toalla rosa, con el mar detrás.

Fue un ejercicio sencillo, pero me ayudó a reconocer algo útil para las siguientes salidas: dedicar un rato al dibujo podía facilitarme el trabajo con el agua y el color. La estructura ya estaba ahí y me permitía avanzar con más confianza.

Lo que me llevo de estas acuarelas

Al reunir estas tres salidas veo distintas maneras de acercarme a una escena. En Salobreña estuve pendiente de la mancha y de la luz. En La Malagueta probé a construir por partes. En Almuñécar encontré un apoyo más claro en el dibujo previo.

El cuaderno pequeño hizo posible esa práctica durante los días en familia. Podía llevar los materiales conmigo y aprovechar un rato para observar y pintar.

Con esta nota cierro las acuarelas de agosto dentro de mi Laboratorio de Campo. Quedan los estudios y también esas pequeñas decisiones que fui entendiendo al hacerlos, y que puedo retomar cada vez que vuelvo a abrir el cuaderno.