La primera vez que salí a pintar fuera del estudio, no pude hacerlo desde el lugar que había elegido. Había visitado días antes el entorno de la Puerta de la Justicia, en la Alhambra de Granada. Me había detenido a mirar y tenía un encuadre en mente. Quería volver con los materiales y pasar allí el día.
Al llegar, personal de seguridad me explicó que no podía instalarme en ese punto por la protección del patrimonio. La misma persona me ayudó a buscar una alternativa: una zona de tierra donde pudiera trabajar sin tocar ningún elemento de la Alhambra. Agradecí esa ayuda. Tuve que moverme, pero todavía podía pintar.

El encuadre que encontré después de cambiar de lugar.
Desde el nuevo lugar no veía el motivo como lo había imaginado. Había preparado la salida, pero no podía controlar del todo lo que iba a encontrar. Decidí aprovechar el día y empezar desde allí.
Buscar los colores frente al lugar
Llegué alrededor de la una de la tarde y me fui cerca de las siete. Durante esas horas estuve buscando los colores directamente frente al motivo. Hasta entonces había trabajado en estudio; ahora la luz cambiaba y el entorno seguía su propio ritmo mientras yo trataba de resolver la pintura.
El muro ocupaba buena parte del lado izquierdo. Las escaleras llevaban la mirada hacia una arquitectura más clara, con la vegetación detrás y el cielo abierto arriba. Entre los tonos tierra y rosados de la piedra, los verdes y el azul, fui encontrando relaciones que me permitían ordenar lo que veía.

El mismo motivo, antes de empezar y durante la pintura.
Al mirar la pintura, reconozco ese fragmento del lugar: el peso del muro, los peldaños, la claridad que aparece al fondo. La pincelada queda visible. Hay zonas más resumidas y otras en las que la mirada se detuvo un poco más.

Pintar ante otras miradas
Mientras trabajaba, se acercaron niños franceses, visitantes de Estados Unidos, alemanes y otras personas que pasaban por allí. Miraban, comentaban y me felicitaban por la pintura. Era nuevo para mí estar trabajando así, a la vista de los demás.
Me sentí expuesto de una forma bonita. Estuve tranquilo, conectado y disfruté el ejercicio. Las personas que se acercaban también formaron parte de lo que recuerdo de aquella tarde, aunque no aparezcan en el cuadro.

Pintar fuera del estudio también fue dejar que otros se acercaran.
El comienzo de Laboratorio de Campo
Aquellajornada de mediados de agosto de 2026 fue el inicio de otras salidas. Me dejó una pintura y un aprendizaje sencillo: podía cambiar de punto de vista sin abandonar lo que había ido a hacer. Salir, observar y detenerme empezaban a convertirse en una práctica.
El lugar cambió, pero el día no se perdió.

Arquitectura, vegetación y cielo en la pintura de aquella jornada.