Hay días en los que el estudio se abre hacia afuera.
El 31 de mayo de 2026 salí a caminar por Granada con mis acuarelas. Subí desde la zona del Carmen de los Mártires hacia los miradores cercanos a la Silla del Moro, buscando un lugar donde sentarme a pintar.
La vista era amplia. Desde allí se veía la Alhambra desde otra posición, con sus volúmenes, sus torres, el Palacio de Carlos V, la cúpula del Hotel Alhambra Palace y, más al fondo, la ciudad extendida hacia los pueblos y las montañas.
No fui con la idea de hacer una obra cerrada.
Fui a mirar.

A sentarme un rato frente al paisaje.
A probar la acuarela.
A entender cómo respondía la goma arábiga sobre el papel.
A dejar que la práctica ocurriera sin exigirle demasiado.
Esta fue mi primera acuarela usando goma arábiga. Y aunque todavía es una exploración inicial, sentí que algo importante se abría ahí: una forma más ligera de estudiar el color, la luz y la atmósfera.
La escena tenía muchos elementos, pero uno se impuso con claridad: el árbol que atravesaba la vista.
Estaba delante de mí, dividiendo el paisaje. En lugar de quitarlo o corregirlo, decidí dejarlo entrar en la composición. Su vertical terminó organizando la imagen, marcando una tensión entre lo cercano y lo lejano.


Detrás, la Alhambra no aparece como monumento aislado, sino como parte de un campo más amplio: vegetación, arquitectura, cielo, distancia.
Trabajé mucho desde el contraste simultáneo. Verdes, ocres, violetas, azules y rosas fueron apareciendo como pequeñas fuerzas dentro de la escena. No buscaba copiar exactamente lo que veía, sino registrar cómo el paisaje cambiaba al pasar por la acuarela.
La goma arábiga me permitió intensificar algunas zonas, dar más cuerpo a ciertos colores y jugar con una luminosidad distinta. Todavía estoy aprendiendo cómo usarla, pero esa incertidumbre también forma parte del ejercicio.


No todo tiene que estar dominado desde el principio.
A veces una técnica se entiende mejor cuando uno se permite jugar con ella.
Esa tarde me recordó algo sencillo: seguir con mi proyecto de ser artista también significa permitirme días así. Días de caminar, mirar, sentarme, probar materiales y disfrutar del acto de pintar sin convertirlo todo en una exigencia.
En el reverso del dibujo escribí:
“Hoy fue un lindo día. Espero que eso se refleje en esta ilustración.”
Y creo que esa frase guarda bien lo que ocurrió.

No fue solo una práctica de acuarela.
Fue una forma de estar en Granada, de mirar la Alhambra desde otro lugar y de recordar que el proceso artístico también se construye con momentos pequeños, abiertos, todavía en aprendizaje.
Quizás esta acuarela no busca resolver una imagen.
Busca conservar un día.
Granada, 31 de mayo de 2026.